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ERE en Banco Santander – Después del acuerdo, llegan los despidos

Pudiera parecer que tras la tormenta, llega la calma. Pero es todo lo contrario, tras el acuerdo firmado por CC·OO, U·G·T, F·I·T·C y S·T·S, llegan los despidos. Unos despidos que impactarán con toda su dureza en el Centro Corporativo de Boadilla, dónde no se garantiza la voluntariedad.

El pasado viernes 29 de abril se celebró la última reunión de la “mesa negociadora” del proceso de despido colectivo abierto por la Empresa. Una reunión en la que como estaba previsto, los sindicatos de siempre, los que firman al unísono todo lo que el Banco les pone sobre la mesa, CC·OO, U·G·T, F·I·T·C y S·T·S legitimaron con su firma, y ya van dos, un ERE injusto, inmoral y sobre todo innecesario.

Una firma que, más allá de acordar unas condiciones de salida y unas movilidades geográficas al capricho de Recursos Humanos, lleva implícita la aceptación de todas y cada una de las razones aducidas por la Empresa. Una aceptación que lejos de ser inocua, dificulta cualquier acción que pudiera tratar de anular este ERE por vía judicial.

Desde C·G·T hemos venido manifestando, desde el preciso momento en que el Banco nos informó sobre sus intenciones de acometer este proceso de ahorro de costes a costa de su plantilla, nuestra oposición frontal al mismo por entender que su finalidad, lejos de ser la aducida por la Empresa es únicamente la de garantizar mayores beneficios y retribuciones al accionista.

Un ahorro de costes y sinergias pretendidas que, a pesar de nuestra insistencia por conocer sus importes, para buscar fórmulas de llegar a ellos por vías alternativas al despido, el Banco en ningún momento ha querido facilitar, mostrando con ello su mala fe negociadora. Una mala fe negociadora igualmente acreditada al no querer publicar las vacantes que pudieran existir en todo el Estado, lo que sin duda, caso de darse a conocer mitigaría indeseados traslados forzosos entre territoriales.

Tras la firma de este acuerdo no llega la calma pretendida, sino todo lo contrario, llega la hora de los despidos y de los traslados. La hora en la que la maquinaria de Recursos Humanos se pone a trabajar para conseguir sus objetivos. Unos objetivos que ya todos y todas sabemos. 1.007 “bajas voluntarias” en Santander España y 380 despidos forzosos en el Centro Corporativo de Boadilla.

Una cifra de bajas voluntarias que, caso de no alcanzarse, serán inducidas. Para lo cual, los gestores de recursos humanos no dudarán en ser lo suficientemente persuasivos como para cumplir con sus objetivos de convencer a los trabajadores y trabajadoras, que no cumplen con los cánones pretendidos por el Banco, para que “voluntariamente” pidan la baja, vía prejubilación o vía despido incentivado. Herramientas para ello no le faltan, los firmantes les han facilitado con su firma, como si no tuvieran pocas, una adicional, como es la desmesurada movilidad geográfica acordada.

Por tanto, con carácter inmediato empezarán a ser llamados cientos de trabajadores y trabajadoras para acudir a entrevistas con sus gestores. Recordemos que sus objetivos puede que no sean los mismos que los nuestros. Por ello, dado el carácter voluntario de la baja, caso de no estar interesado en ella, exprésalo sin miedo y deja constancia de ello por escrito.

Mención aparte merecen los trabajadores y trabajadoras del Centro Corporativo, los grandes olvidados de los sindicatos firmantes, para quienes no existe ninguna garantía de voluntariedad, de hecho no existe ni siquiera la vía de la prejubilación entendida tal como se ha acordado en Santander España. Los 380 afectados y afectadas irán a engrosar directa e inmediatamente las filas del paro. Siendo el Estado el que finalmente tenga que pagar durante 24 meses sus prestaciones por desempleo y sus cotizaciones a la seguridad social.

Para acabar, recordar nuevamente la utilidad que para la Empresa tienen sus sindicatos. Unos sindicatos CCOO, UGT, FITC y STS que con su firma han legitimado un ERE y la consiguiente reducción de plantilla que lleva implícito y que sin su colaboración, por mucho que la ley se lo permita, el Banco nunca se hubiera atrevido a llevarlo a efecto por sí sólo, teniendo que haber acudido a la vía exclusiva de la prejubilación. Y lo peor de todo es que no hay dos sin tres. Tiempo al tiempo.

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