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El Santander pospone los ajustes de red y plantilla en el Popular al menos hasta finales del 2018

Da prioridad máxima a recuperar negocio y dejará los ajustes a la espera de que se integren los bancos

El Banco Santander no tiene intención, por ahora, de tocar ni la red ni la plantilla de las oficinas del Popular. Por lo menos, hasta finales del 2018 o inicios del 2019. Es un ajuste que necesariamente se tendrá que ejecutar por el solapamiento de las dos entidades; en Galicia, el Pastor -la marca del Popular en Galicia, tremendamente asentada como segunda institución financiera de la comunidad- y el Santander son competidores en unos 110 concellos. Entre ambos suman unos 2.000 empleados que desde el 7 de junio, cuando se produjo la compra, están pendientes de su futuro.

El ajuste, en todo caso, no se va a realizar «hasta que los sistemas informáticos del Popular estén integrados con los de Santander, lo que va a llevar cerca de dos años», explican fuentes conocedoras del proceso. El miércoles, en un encuentro en Madrid, el primer ejecutivo de ambas entidades en España, Rami Aboukhair, ratificó que la integración efectiva no se produciría antes de 18 meses, lo que la lleva al 2019. «Mientras los clientes no puedan operar indistintamente en uno u otro banco, no se puede hacer un plan real [de ajuste]», añaden esas fuentes. Y mucho menos de los números que se manejarán. Lo que sí es previsible antes es la reestructuración de los servicios centrales del Popular en Madrid.

Tiene sentido porque, ahora mismo, la prioridad del Santander es recuperar el negocio perdido del Popular, sobre todo entre particulares que en los meses previos a la intervención retiraron depósitos o directamente cambiaron de banco. Ese objetivo no es compatible, añaden esas fuentes, con una reducción de plantilla o con una red recortada, porque añadiría problemas a la clientela, algo que se quiere evitar a toda costa. El Popular tiene previsto detallar hoy sus cuentas correspondientes a los primeros seis meses del 2017, que arrojarán unas pérdidas superiores a los 12.200 millones de euros.

Recuperar el negocio es un desafío a corto y medio plazo. Mucho más urgente para las oficinas es otro reto extraordinario: colocar 980 millones en bonos a pequeños accionistas del Popular que perdieron todo su dinero. Es la compensación voluntaria que ofrece Ana Botín por aquella operación, un proceso que se cerrará el 7 de diciembre y que, de resultar exitoso, la librará de muchas demandas, porque el cliente que acepta el bono renuncia expresamente a ir a los juzgados para recuperar su inversión.

La plantilla, a la espera

Con esa situación se entiende que el Santander no tenga por ahora entre sus planes esos ajustes. Los propios sindicatos dicen que no se ha hablado de red ni de plantilla. Que siguen a la espera.

Mientras, Botín prosigue con la integración por arriba. El jueves el banco anunció el nombramiento de Rami Aboukhair como nuevo consejero delegado del Popular, puesto vacante desde el 7 de junio, cuando se cesó a todo el equipo anterior, incluido Ignacio Sánchez-Asiain, consejero delegado fichado de Abanca.

Aboukhair, granadino de padre sirio y madre malagueña, ya era el primer ejecutivo del Santander España, con Rodrigo Echenique como presidente. Este último es, a la vez, también presidente del Popular. Es decir, coinciden ya en lo más alto los mismos directivos de los dos bancos. Y por encima, Ana Botín como presidenta de todo el grupo Santander y José Antonio Álvarez de número dos. El resto del consejo del nuevo Popular lo conforman José Antonio García Cantera, Francisco Javier García-Carranza, José Francisco Doncel, Adolfo Díaz-Ambrona (el secretario), Pedro Pablo Villasante Atienza y Gonzalo José Alonso Tejuca. Todos, menos los dos últimos, miembros también de la cúpula del Santander. Es una manera práctica de acoplar al comprado.

La Voz de Galicia

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