Tras el comunicado difundido por la sección sindical de UGT Málaga celebrando la sentencia y el acuerdo de despidos, desde CGT consideramos necesario dirigirnos a la plantilla. No para entrar en una guerra de comunicados, sino para abrir una reflexión colectiva sobre una cuestión de fondo que va mucho más allá de una sentencia concreta: qué modelo sindical queremos frente a los despidos y la pérdida de derechos.
CGT respeta las resoluciones judiciales, aunque no comparta su contenido. Por ello, y como derecho jurídico plenamente reconocido, recurriremos la sentencia ante el Tribunal Supremo. Recurrir no es una “pataleta” ni un gesto propagandístico: es una herramienta legal prevista en nuestro ordenamiento jurídico para defender derechos colectivos cuando existen interpretaciones discutibles, como demuestra el hecho de que el propio Ministerio Fiscal coincidiera con la posición defendida por CGT.
Más allá de titulares triunfalistas, creemos necesario plantear una pregunta clara a toda la plantilla:
¿Qué sindicalismo queremos en Avanade?
¿Un sindicalismo que defienda los derechos de toda la plantilla y trate de garantizar que cualquier proceso de despido se ajuste estrictamente a la ley, protegiendo también a quienes quieren conservar su puesto de trabajo?
¿O un sindicalismo que firma acuerdos como el actual, que permiten despedir a todo Corporate Functions, sin límites claros, sin criterios cerrados y con un margen amplísimo para que la empresa decida a quién despide y cuándo?
Entendemos que haya personas a las que, por motivos personales o profesionales, les pueda convenir una salida. También sabemos que en estos casos hay trabajadores que preferirían ser despedidos si la alternativa es una incertidumbre que no se sabe cuánto va a durar. Pero el papel de un sindicato no puede ser pensar únicamente en quienes quieren irse, sino defender también —y especialmente— a quienes quieren quedarse, a quienes se quedan desprotegidos ante un despido y defender sobre todo que no se hagan despidos sin justificar, arbitrarios y evitar que se normalicen acuerdos de despido que pueden afectar a toda la empresa.
Porque no olvidemos lo esencial:
este acuerdo no limita los despidos, no ha sido justificado por la empresa, no acota el número de personas afectadas, no define con claridad las áreas ni define de ninguna forma los criterios de despido, y da cobertura a la empresa para despedir a todo un colectivo. Defender esto como una “victoria sindical” es, como mínimo, profundamente preocupante.
CGT seguirá defendiendo un sindicalismo coherente, colectivo y basado en derechos, aunque eso suponga ir contracorriente, asumir conflictos y recurrir sentencias cuando lo creemos necesario. Otros podrán sentirse orgullosos de haber firmado un acuerdo que da la victoria a la empresa, blinda su estrategia y le permite ejecutar despidos con una cobertura amplia y cómoda.
Desde CGT no compartimos ese orgullo. Y pedimos una reflexión honesta, tanto a quienes defienden este acuerdo como al conjunto de la plantilla:
¿A quién beneficia realmente este modelo sindical y este tipo de acuerdos?

